Mi compañero se quitó la vida. ¿Podríamos haber hecho algo?

Mis compañeros de escuela y yo estamos conmocionados porque la semana pasada un compañero se quitó la vida. Parecía una buena persona, aunque supongo que tenía pocos amigos. ¿Qué podríamos haber hecho? Me siento culpable de no haberlo ayudado de alguna forma.


Al responder sobre el suicidio en esta columna del periódico, tengo en cuenta que puede haber un lector que también está considerando acabar con su vida, y tomo esto muy en serio. Desearía poner mi brazo sobre tu hombro y asegurarte mi amor, pero más que nada, el amor de Dios por ti. Sin importar qué tan desesperado o deprimido te sientas, con Cristo Jesús hay esperanza. Busca al Señor en oración, y busca a quien pueda ayudarte con tus problemas.

El suicidio siempre es una gran tragedia. No solo acaba con una vida prematuramente, sino que inevitablemente deja detrás de sí un rastro de angustia y sentimientos de culpabilidad; en especial cuando alguien joven se quita la vida. Cuánto lamento que esto sea un problema creciente en nuestra sociedad. Dios no hallará inocentes a quienes muestran el suicidio como algo atractivo o lo incentivan.

Que esta tragedia te lleve a ti y a tus compañeros a ser más sensibles con aquellos que parecen aislados, y no solamente ahora, sino por el resto de sus vidas. ¿Qué diferencia podría haber hecho uno de ustedes en la vida de este joven?

Mi esperanza es que Dios use esto para recordarles acerca de la seriedad de la vida, y que esto les haga acudir a Cristo Jesús y entregarle sus vidas a Él. Jesús dijo, «La paz les dejo; mi paz les doy. … No se angustien ni se acobarden» (Juan 14:27).

Hay paz en Cristo y puede ser tuya hoy mismo.

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