Devocional de Will Graham: ¿Vale la pena el costo?

Lectura bíblica: Lucas 15:8-10

Aunque la salvación es un regalo gratuito de Dios, no está exenta de un costo. Se nos da gratuitamente, pero Jesús lo tuvo que entregarlo todo al ofrecerse a sí mismo como sacrificio final por nuestros pecados.

También para usted y para mí hay «costos» por seguir a Cristo. Muchos quieren vivir la vida cristiana sin ningún sacrificio o entrega, pero la vida cristiana significa mucho más que eso. Por ejemplo, al decir «sí» a Cristo, estamos diciendo «no» a mucho de lo que el mundo que nos rodea nos ofrece.

También hay un costo asociado al hecho de alcanzar a los perdidos; aquellos que todavía no han reconocido su necesidad de un Salvador y siguen viviendo la vida en sus propios términos. Si miras Lucas 15:8-10, verás lo que quiero decir:

«O supongamos que una mujer tiene diez monedas de plata y pierde una. ¿No enciende una lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y, cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: “Alégrense conmigo; ya encontré la moneda que se me había perdido”. Les digo que así mismo se alegra Dios con sus ángeles por un pecador que se arrepiente».

«¿No enciende una lámpara?». En primer lugar, al creyente le costará recursos buscar a los perdidos. El texto nos dice que la mujer encendió una lámpara para buscar la moneda perdida. Tal vez no te parezca gran cosa, pero debes recordar que en ese tiempo no había interruptores de luz, ni linternas para iluminar la oscuridad. Muchas casas tampoco tenían ventanas que permitieran la entrada de luz natural. Así que la mujer optó por utilizar un bien muy preciado y caro al usar el aceite para encender su lámpara. Gastó sus recursos para buscar la moneda perdida.

«¿No barre la casa?». No solo le costó recursos, sino que también le costó tiempo y esfuerzo buscar lo perdido. Leemos en el versículo ocho que la mujer barre la casa en su búsqueda. Ya sea que la palabra «barrer» aquí signifique literalmente limpiar, o que signifique «hacer un barrido», es decir, buscar palmo a palmo, ambas cosas reflejan una importante inversión de tiempo y trabajo mientras ella busca la preciada moneda. Pero lo hizo, sin duda, por el valor del objeto perdido.

«¿No busca con cuidado?». Finalmente, buscar lo perdido cuesta paciencia y minuciosidad. La mujer «busca con cuidado hasta encontrarla». Esta señora buscó, buscó, limpió y volvió a buscar. Lo hizo una y otra vez hasta que encontró la moneda. Hubo una inversión emocional, ya que no se dio por vencida después de un intento fallido, sino que continuó porque era preciosa para ella.

Sí, hay que pagar un precio por alcanzar lo perdido. La pregunta sigue siendo: ¿vale la pena? 

Hágame un favor: deténgase por un momento y piense en aquellos que lo rodean y que no han tomado la decisión de seguir a Cristo. Piensa en tu madre o padre, tu hermano o hermana, tu vecino, tu compañero de trabajo. Dígame, ¿valen la pena?

Por supuesto que sí. De hecho, nuestro texto anterior nos dice que las almas de los que nos rodean son tan importantes que «se alegra Dios con sus ángeles por un pecador que se arrepiente». Cada alma es preciosa y necesita escuchar el mensaje de esperanza en Jesucristo. Él pagó el precio máximo por ti. Pídele que te ayude mientras sales de tu zona de confort para alcanzar a otros.

Si estás buscando una manera efectiva de compartir tu fe, considera visitar PazConDios.net. Este sitio te ayudará a conocer los versículos clave de la Biblia para compartir con otros cómo comenzar una relación con Cristo.

>> ¿Te gustaría compartir el evangelio desde casa? Nuestro ministerio de Evangelismo por Internet ofrece esta gran oportunidad.

Lectura bíblica: Lucas 15:8-10

8 »O supongamos que una mujer tiene diez monedas de plata y pierde una. ¿No enciende una lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? 

9 Y, cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: “Alégrense conmigo; ya encontré la moneda que se me había perdido”. 

10 Les digo que así mismo se alegra Dios con sus ángeles por un pecador que se arrepiente.