El carácter sagrado del matrimonio


 
«¿Cuándo vendrás, Señor, a mí? En la integridad de mi corazón andaré dentro de mi casa».
—Salmos 101:2, NBLA

En la ceremonia del matrimonio, después de que los novios dicen sus votos, es común que el pastor diga de manera solemne y reverente: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». ¿Acaso Dios no es la tercera persona en un matrimonio? ¿Acaso Él no debería ser tenido en cuenta en el matrimonio y en el hogar que surge de ese matrimonio? Si es Dios quien une a la pareja desde el principio, ¿acaso su presencia no debería reconocerse continuamente en el hogar? Muchos hogares hoy están desmoronados porque Dios ha quedado fuera del panorama familiar.

Con el choque de personalidades que ocurre dentro de toda familia, es necesario que exista también una fuerza integradora, ¡y el Dios viviente es esa fuerza! Muchas parejas piensan que si tan solo tuvieran una casa mejor, un trabajo mejor, o si vivieran en un barrio mejor, su vida familiar sería más feliz. ¡No! El secreto de la felicidad en la familia es dejar que Dios, la tercera persona del contrato matrimonial, tenga su legítimo lugar en el hogar. Reconcíliate con Dios y entonces podrás ser un verdadero pacificador en tu hogar.

>> Reconcíliate con Dios hoy mismo.

Read this devotion in English on BillyGraham.org.

Oración de hoy

En las relaciones con mis seres queridos, ayúdame, Señor, a ser un pacificador. Haz que yo siempre acuda a ti, Príncipe de Paz.