Por qué no oramos (y por qué deberíamos hacerlo)

Quizás leíste un devocional o escuchaste un sermón sobre la oración y pensaste: «Debería dedicar más tiempo a orar. Voy a comenzar hoy mismo».

Entonces, un día se conviertió en una semana, una semana en un mes, y pronto te diste cuenta de que sigues sin dedicar mucho tiempo a la oración. 

El otoño pasado, la autora y conferencista Wendy Bello compartió una enseñanza bíblica sobre la oración durante la conferencia Unidos, que tiene como objetivo animar y brindar herramientas útiles a los pastores y líderes hispanos. En ella, ofreció tres ideas sinceras y valiosas sobre por qué no «oramos sin cesar» como dice la Biblia (1 Tesalonicenses 5:17), y cinco ideas sobre cómo podemos cambiar nuestro tiempo en oración.

Wendy Bello enfatizó el valor de la oración durante una conferencia para líderes de iglesias hispanas organizada por la Billy Graham Evangelistic Association (BGEA).

1. No oramos porque no entendemos la importancia de la oración. 

Muchas veces creemos que podemos navegar por la vida por nuestra cuenta.

«Ignoramos nuestra necesidad de Dios», dijo Bello. «Tendemos a recurrir a la oración solo en situaciones extremas: cuando nos encontramos en un callejón sin salida, cuando no sabemos qué decisión tomar o cuando algo nos asusta o nos preocupa mucho».

Dios no diseñó la oración como una llamada de emergencia, sino más bien como una conversación constante.

Las Escrituras nos animan a llevar todas nuestras necesidades ante Él en oración. Como dice Filipenses 4:6: «No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias» (NVI).

«Es lamentable que veamos la oración como un bote salvavidas al que acudimos solo cuando nos estamos ahogando», dijo Bello. «La oración no debería ser un plan B para los seguidores de Cristo, sino una parte esencial de nuestras vidas. La oración debe permear todo lo que hacemos y todas las circunstancias que enfrentamos».

2. No oramos porque no comprendemos la magnitud de la batalla espiritual a la que nos enfrentamos.

La Biblia deja claro que los seguidores de Cristo están en una guerra espiritual continua. Y en esa lucha, la oración desempeña un papel crucial. 

En Efesios 6, el apóstol Pablo describe «la armadura completa de Dios» que los cristianos necesitan para resistir las artimañas del diablo. Y al final de esta lista, les recuerda a los creyentes la importancia de la oración:

«Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alertas y perseveren en oración por todos los creyentes» (Efesios 6:18).

Bello explicó que la oración es fundamental para que podamos mantenernos firmes en medio del conflicto espiritual. «Si entendiéramos realmente cuán grande es la batalla que se libra cada día en el ámbito espiritual, ¡nos faltaría tiempo [en el día] para orar!», dijo.

3. No oramos porque no le damos prioridad a separar tiempo para hacerlo. 

Desde los inicios de la iglesia de Cristo, los creyentes han cultivado hábitos arraigados en la Biblia llamados disciplinas espirituales.

«Las disciplinas espirituales son prácticas que nos ayudan en nuestra búsqueda de la santidad y nos llevan a crecer en semejanza de Cristo», dijo Bello. «Pero, como sabemos, todas las disciplinas requieren perseverancia e intencionalidad».

En nuestro mundo acelerado, hacemos espacio en nuestros calendarios para todo tipo de actividades, pero cuando se trata de la oración, puede resultarnos difícil establecer un tiempo para orar y comprometernos a hacerlo. «Parece que estamos demasiado distraídos o que nos falta deseo o interés», dijo Bello.

«Aunque podemos orar mientras hacemos otra cosa, como cuando vamos manejando, es ideal que encontremos un lugar donde oremos y nuestra atención no esté dividida, lejos de distracciones y a solas».

Bello mencionó el ejemplo que Jesús nos dio:

«Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario donde se puso a orar» (Marcos 1:35).

Al igual que nuestro Señor, también tú deberías encontrar un lugar solitario donde puedas pasar tiempo a solas con tu Padre celestial y prestarle toda tu atención.

Cinco estrategias para fortalecer tu vida de oración

Ora la Palabra de Dios. Si tus oraciones se han vuelto repetitivas, comienza a orar con la Biblia abierta. Las Escrituras contienen muchas oraciones escritas, pero también podemos leer un pasaje de las Escrituras y pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a ver cómo podemos aplicar ese pasaje a nuestras vidas y convertirlo en una oración.

Recuerda que el Espíritu Santo siempre intercede por nosotros. Si no estás seguro de cómo orar por una situación específica, recuerda que tenemos ayuda: el Espíritu Santo. Romanos 8:26-27 dice: «Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios».

Pídele al Señor que cambie los deseos de tu corazón. El Espíritu Santo está obrando continuamente en nosotros, santificándonos y haciéndonos cada día más semejantes a Jesús. Ora para que Él transforme tu corazón, de modo que la oración se convierta en tu deleite.

Reserva un tiempo específico para orar. Elige un momento en el que puedas estar a solas con Dios y en el que no te distraigas fácilmente. Determina cuánto tiempo quieres dedicar a la oración, pero asegúrate de que ese tiempo sea un deleite y no una obligación.

Busca un compañero de oración. Mantener cualquier disciplina es más fácil si tenemos a alguien que nos anime y nos ayude a rendir cuentas. Busca un compañero(a) fiel que esté dispuesto(a) a orar contigo y por ti.

Comprender la importancia de todo esto para nuestra salud espiritual transformará nuestro caminar con el Señor, dijo Bello. «La vida cristiana no se puede vivir de manera piadosa y en el poder de Dios sin oración. Nuestra misión debe ir acompañada de la oración».