Cuando nuestro Señor comisionó a sus discípulos y los envió a todo el mundo, comenzó diciendo lo siguiente: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra» (Mateo 28:18, NVI). No obstante, la autoridad no basta con declararla; hay que demostrarla.
En Marcos 1, vemos tres demostraciones de la autoridad de Cristo. Primero, su autoridad sobre la indiferencia o el desinterés. Versículos 21-22: «Entraron en Capernaúm y tan pronto como llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y se puso a enseñar. La gente se asombraba de su enseñanza, porque la impartía como quien tenía autoridad y no como los maestros de la Ley».
Ya se había difundido la noticia acerca de este tal Jesús en Capernaum. Él ya había anunciado: «El reino de Dios está cerca» (v. 15). Por eso estaban muy ansiosos por escuchar lo que tenía que decir.
Debemos recordar que la expectativa mesiánica estaba en su punto álgido entre el pueblo judío cuando Jesús comenzó su ministerio. Vivían a la expectativa.
Pero, ¿por qué a nosotros no nos sorprende Jesús? Creo que la razón es la familiaridad. Ya conocen el dicho: «La familiaridad engendra desprecio». No es que tengamos desprecio, sino que simplemente hemos escuchado estas historias demasiadas veces. Vamos a la iglesia y decimos: «Espero que tengas algo nuevo para mí».
«Señor, esta mañana voy a la iglesia. Dame ojos y oídos renovados para ver y escuchar la verdad de una manera diferente».
Permítanme hacer una sugerencia que sería útil para todos nosotros, a fin de que la pongamos en práctica de ahora en adelante. Antes de ir a la iglesia, no se limiten a tomar su bolso y su Biblia, y salir por la puerta. Hagan una pausa y oren. Digan: «Señor, esta mañana voy a la iglesia. Dame ojos y oídos renovados para ver y escuchar la verdad de una manera diferente».
Es lo que dijo el salmista en el Salmo 119:18: «Ábreme los ojos, para que contemple las maravillas de tu Ley» (NVI). Deja que Jesucristo ejerza su autoridad sobre cualquier indiferencia, desinterés o actitud apática que puedas tener.
En Marcos 1 también vemos la autoridad de Cristo sobre los demonios.
«De repente, en la sinagoga, un hombre que estaba poseído por un espíritu maligno gritó: “¿Por qué te entrometes, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres tú: ¡el Santo de Dios!”. “¡Cállate!”, lo reprendió Jesús. “¡Sal de ese hombre!”. Entonces el espíritu maligno sacudió al hombre violentamente y salió de él dando un alarido. Todos quedaron tan asustados que se preguntaban unos a otros: “¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva, pues lo hace con autoridad! Da órdenes incluso a los espíritus malignos y le obedecen”». — Marcos 1:23-27
Ahora bien, hay dos cosas de esta historia que me llaman la atención. En primer lugar, hay un hombre poseído por un demonio en la iglesia. Sí, el diablo va a la iglesia.
La segunda cosa es que los únicos que estaban seguros de la verdadera identidad de Jesús eran los demonios. Los líderes judíos habían rechazado a Jesús. Las multitudes realmente no sabían quién era Él. Incluso los discípulos estaban inseguros al principio. Pero los demonios sabían exactamente quién era Él, porque Él estaba allí cuando cayeron del cielo junto con Satanás.
Hay una lección importante a medida que avanzamos en esto, y es simplemente que Satanás se esconde en la religión muerta. Se esconde en iglesias que dicen creer en Jesús y en la Biblia, pero que adaptan la Biblia y a Jesús para que se ajusten a su estilo de vida.
Jesús, en Apocalipsis, habló de aquellos que pertenecen a la «sinagoga de Satanás». Pues bien, de igual manera, hay iglesias en toda nuestra ciudad y nuestro país controladas por demonios, que perpetúan el error y la falsedad. John MacArthur dijo: «Satanás es más eficaz en la iglesia cuando no se presenta como un enemigo declarado, sino como un falso amigo; no cuando persigue a la iglesia, sino cuando se une a ella; no cuando ataca el púlpito, sino cuando se para en él».
Jesús reprendió al demonio, diciéndole: «¡Cállate!… ¡Sal de ese hombre!». La primera orden lo silenció. La segunda lo expulsó.
Ahora bien, ¿qué significa todo esto para ti, personalmente? Esto es lo que significa, querido cristiano. Si perteneces a Cristo, no tienes razón para temer al diablo. No es que él te tema a ti. Para él, tú no eres nada. Pero el Dios que está dentro de ti lo aterroriza. La Biblia, en 1 Juan 4:4, dice: «El que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo».
La tercera autoridad que vemos en Marcos 1 es la autoridad de Cristo sobre la enfermedad. Versículos 29-31: «Tan pronto como salieron de la sinagoga, Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre y enseguida se lo dijeron a Jesús. Él se acercó, la tomó de la mano y la ayudó a levantarse. Entonces se le quitó la fiebre y comenzó a servirles».
De inmediato, la fiebre la abandonó. Ella comenzó a sentirse muy bien. ¿Y qué hizo? Comenzó a servir. La mejor manera de expresar tu gratitud a Jesús es servirle. Había una mujer en la iglesia de Charles Spurgeon que se había convertido a Cristo. Un día se acercó a Spurgeon y le dijo: «Oh, señor Spurgeon, Cristo ha cambiado mi vida. Él nunca dejará de oírme hablar de ello». Me gustan sus palabras. Lo alabaré y le daré las gracias, desde ahora y hasta el cielo.
A Marcos le gusta registrar la reacción emocional de la gente ante Jesús. «Todos quedaron tan asustados». «La gente se asombraba de su enseñanza».
¿Cuándo fue la última vez que Jesús te sorprendió? A algunos de ustedes, Jesús los ha estado buscando incansablemente, tocando la puerta de su corazón, enviando personas para invitarlos a la iglesia o a un evento, hablándoles del Evangelio.
Si te entregas Jesús, te sorprenderás. Te asombrarás de lo que Él puede hacer por ti y de lo que puede hacer a través de ti. Él te transformará por completo.
Este artículo apareció originalmente en inglés en la revista Decision. Traducido con permiso.
Skip Heitzig es pastor principal de la Iglesia Calvary de Albuquerque, Nuevo México. Su enseñanza bíblica llega a una audiencia global a través del ministerio multimedia Connect with Skip Heitzig.