«Soy ateo… bueno, era ateo».
Esas fueron las últimas palabras que Marcos pronunció antes de que sus ojos se llenaran de tantas lágrimas que ya no pudo contenerlas.
Franklin Graham acababa de predicar un mensaje bíblico de salvación por la fe ante más de 8000 personas en la segunda y última noche del Festival de la Esperanza en la capital española.

Marcos se enteró del evento por primera vez en Instagram y, por razones que aún no puede explicar, sintió la necesidad de asistir. Llevaba tiempo pensando que tenía que haber algo más en la vida que el mundo material que le rodeaba. Estaba buscando respuestas, y algo en lo más profundo de su ser le decía que tal vez ahí podría encontrarlas.
Lo que Marcos no sabía era que saldría del Palacio Vistalegre convencido, sin lugar a dudas, de que había tenido un encuentro con el propio Jesús.
«La Biblia dice: “Escucha, para que tu alma viva”. Si estás aquí esta noche y no estás seguro de que tu alma vivirá para siempre en la presencia de Dios, escucha», dijo Graham desde el escenario.
Marcos prestó mucha atención.
Graham continuó explicando que todos hemos pecado y no merecemos estar en la presencia de Dios, pero que Él envió a su Hijo Jesús para salvar la distancia entre nosotros y Él. Aquellos que pongan su confianza en Cristo vivirán para siempre con Él.
«Dios envió a su Hijo, Jesucristo, desde el cielo para cargar con nuestros pecados. Él murió y derramó su sangre. Jesús fue un sacrificio por ti», dijo Graham.
Marcos nunca había oído este mensaje antes y, por intervención divina, se le abrieron los ojos para poder ver que era un pecador que necesitaba un Salvador.
«Ven a Jesús esta noche. Deja que Él te lave y te perdone. Ven», dijo Graham.
Marcos sabía que este era su llamado. Se levantó de su asiento, listo para entregar su vida a Cristo. Se sorprendió al ver que su novia también había decidido pasar al frente. La miró con una sonrisa y caminaron juntos de la mano.
«Yo era ateo, y veo que, a pesar de eso, Él me ha buscado. Eso es lo que más me impacta», dijo, incapaz de contener su emoción. «Llevo mucho tiempo buscando cómo responder a su llamado. Ahora estoy convencido. Quiero entregarlo todo a Cristo».
Una segunda oportunidad
José nació en Málaga, en la radiante costa mediterránea de España. Pero una infancia marcada por la inestabilidad y las dificultades, unida a una serie de decisiones destructivas, acabó llevándolo a cientos de kilómetros de distancia, a Madrid, por una de las peores razones posibles. Pasó los últimos 19 años en prisión y recuperó su libertad hace solo tres meses.
Ahora, con 52 años, José se adentró en un mundo que apenas reconoce. Se encontró pidiéndole a Dios algo que nunca creyó posible: un nuevo comienzo. Pero los recuerdos de sus pecados y la carga de la culpa persistían como una sombra, y pensaba que la misericordia era para otros, no para él.
«Yo hice mucho daño en esta vida», dijo.
Pero el Señor, que es «Dios compasivo y misericordioso, lento para la ira y grande en amor y fidelidad» (Éxodo 34:6, NVI), estaba por mostrarle a José cómo su amor y su justicia podían satisfacerse, y a la vez borrar sus pecados para siempre.
En los días de incertidumbre tras su liberación, José encontró una organización cristiana que le ofreció un lugar donde quedarse y el apoyo que necesitaba para reintegrarse a la sociedad. Una de las primeras cosas de las que se enteró fue el entusiasmo del grupo ante la llegada del Festival de la Esperanza con Franklin Graham.
En el recinto, Graham compartió un mensaje del Evangelio sencillo pero claro.
«Dios te creó. Te dio un alma que es más valiosa que cualquier cosa en el mundo», dijo. «Y por eso envió a su Hijo para pagar tu deuda en tu lugar. Te redimió con su sangre… Esta noche, puedes poner tu fe y tu confianza en Él y ser salvado de tus pecados y tener una nueva vida».
Por primera vez en décadas, un destello de esperanza apareció en los ojos de José. Ante la invitación de Graham a la multitud, se adelantó y oró, poniendo su fe en la obra redentora de Jesucristo en la cruz.
«Todo lo que ha estado explicando me llenó el alma, porque la tenía vacía», dijo José después de orar. «Yo he causado mucho dolor a los demás, pero ahora entiendo que Jesús pagó por mis pecados…
»Sé que Dios me llamó para que pasara al frente, y solo de recordar [lo que sentí] me mueve de nuevo… Yo siento a Dios, y me sorprende ver que no estoy solo, que hay mucha gente como yo, que sigue el llamado de Dios para recibir el perdón».
Por favor, eleva en oración a todos estos nuevos creyentes mientras se integran en una iglesia local y crecen en su fe. Ora también para que Dios les dé valentía y fuerza para compartir su fe con los demás.
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