Desde los terremotos que arrasaron el norte de Venezuela el 24 de junio, los pastores de la zona no han tenido un momento de descanso.
Apenas horas después de que el movimiento de la tierra redujera a escombros miles de estructuras y edificios, los pastores y los miembros de sus iglesias comenzaron a organizarse para servir de cualquier manera que les fuera posible. Algunos se unieron a los equipos de salvamento que trabajaron día y noche para rescatar a las personas atrapadas entre los escombros. Otros, abrieron las puertas de sus iglesias a fin de brindar cobijo y alimento a quienes acababan de perderlo todo en un abrir y cerrar de ojos.
Las cifras de la devastación son desgarradoras. Según las cifras oficiales, más de 6500 personas perdieron la vida, mientras que la ONU estima el número de desaparecidos en más de 50 000.
Tras dos meses de trabajo constante sirviendo a los damnificados y brindando un oído atento en medio de la devastación, estos pastores no se habían podido permitir un tiempo para procesar todo el trauma y el dolor que se ha venido acumulando en su corazón.
Muchos de ellos habían perdido familiares, así como a miembros de sus congregaciones, pero habían saltado inmediatamente a servir sin pensar en su propio duelo.
Por invitación del Consejo Evangélico de Venezuela, la Billy Graham Evangelistic Association trajo el evento «Respiro» a Caracas, la capital del país. Planeado específicamente para estos fieles servidores del Señor, el evento consistió de un retiro y conferencia de dos noches para ofrecer a los pastores y a sus esposas lugar para descansar y renovar sus fuerzas a través de las Escrituras, la oración y la adoración.
«Nosotros abrimos las puertas de la iglesia en la misma noche del terremoto para servir comidas y brindar refugio», compartieron el pastor Alexis Paz y su esposa María Díaz. A pesar de que perdieron a 30 miembros de su iglesia, incluidos su hijo de 44 años y su nieto de 20, los pastores no tuvieron oportunidad de procesar su propia pérdida cuando ya estaban respondiendo a las interminables necesidades de su comunidad.

Por su parte, el pastor Carlos Daniel García describió cómo los recuerdos últimos dos meses de su vida le llegan como destellos borrosos y llenos de dolor.
«Hemos estado sacando escombros, llevando comida, llevando medicamentos, abrazando a los niños, abrazando a las madres que quedaron sin hijos, a los que se quedaron sin familia», dijo. «Realmente yo no iba a venir. Yo estaba solo enfocado en el ministerio, y dije “Señor, yo tengo tanto trabajo aquí en La Guaira, ¿cómo voy a ir?”. Pero el Señor me hizo entender que era tiempo de descansar».
Uno de los ponentes que animó a los pastores a partir de la Palabra de Dios fue el pastor Jaume Torrado de España. Les recordó a los pastores que aun en su debilidad y cansancio, Dios los ve y desea restaurarlos para que puedan seguir adelante con su ministerio.
«El Señor no quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare», dijo, en referencia a Isaías 42:3. «Aunque seas una caña quebrada, el Señor quiere sanarte… ¿Cómo podemos sostener a otros? ¿Cómo podemos acompañarlos? A menos que nuestro corazón haya sido sanado y restaurado».
A lo largo del evento, los pastores derramaron su corazón delante de Dios y oraron unos por otros.
«No puedo empezar a describir lo agradecidos que estamos por este evento», dijo García. «Esta tragedia fue algo que nos cargó demasiado, porque desde el primer día hemos estado trabajando en la obra. Consideramos que esto es un tiempo de descanso que nos está regalando Dios para drenar nuestra carga y recibir la Palabra de verdad».
A su lado, su esposa Rosana habló del alivio físico y espiritual que recibió a través del retiro.
«Aunque nosotros hemos trabajado y le hemos compartido la Palabra a los que están quebrantados, a los que han perdido su familia, aquí pude ver lo mucho que nosotros también lo necesitamos».
Rosana compartió que tan solo salir de su ciudad —la más afectada por el terremoto— le ayudó a ver las cosas desde otra perspectiva.
«Hasta dormí hoy. Dormí como no había dormido en meses», dijo.
El pastor Alexis Paz y su esposa María compartieron lo que el evento significó para ellos. Desde la pequeña cocina de su iglesia se han estado sirviendo hasta 450 comidas al día.
«Tras esta tragedia, muchas instituciones han llevado provisión, pero sentir este abrazo y escuchar estas palabras que nos dicen que no estamos solos: esto que estamos viviendo ahorita aquí… realmente lo necesitábamos».


