«La vida es corta; ninguno de nosotros sabe cuánto tiempo nos queda. Vive cada día como si fuera el último».
Billy Graham
En el último artículo de esta serie de verano, analizaremos cómo podemos vivir de manera intencional a fin de dejar un legado que impacte la vida de aquellos que nos rodean y glorifique a Dios.
Sin importar nuestra edad, ninguno de nosotros sabe a ciencia cierta cuántos años le quedan en esta tierra. Y si somos seguidores de Cristo, queremos asegurarnos de que cada momento cuente para su reino. Entonces, ¿cómo podemos vivimos fielmente para el Señor en el tiempo que nos que queda?
Dios ha llamado a todos los cristianos a proclamar «las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9, NVI). Si entregamos el resto de nuestras vidas en manos de Dios, Él puede transformar esos años en una etapa de impacto extraordinario: una en la que tengamos la oportunidad de tocar más vidas para Jesús que nunca antes.
‘Vivir es Cristo y morir es ganancia’
Billy Graham dijo una vez: «Creo que solo cuando un hombre está preparado para morir, está también preparado para vivir».
Esto no significa que vivas tu vida agobiado por la abrumadora realidad de la muerte. Por el contrario, significa vivir libremente sin dejarte controlar por el miedo a lo desconocido.
Por eso Pablo escribió a los filipenses: «Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia» (Filipenses 1:21).
Si hemos puesto nuestra fe en Jesucristo, sabemos que después de morir nos espera la gloria eterna, y ese conocimiento nos da fuerzas para vivir con valentía para su reino mientras sigamos aquí en la tierra.
Busca oportunidades para compartir el Evangelio
Como no sabemos cuándo será nuestro último día, debemos ser conscientes de cada cosa que hacemos hoy.
En 1997, Billy Graham ofreció un discurso de graduación en el Palm Beach Atlantic College. Ahí dijo: «El tiempo es el capital que Dios nos ha dado para invertir sabiamente. Entonces, la pregunta es: ¿dónde lo invertimos?
»Dios nos llama a invertir nuestro capital de tiempo, nuestras propias vidas, principalmente en las personas… Puedes invertir todo el tiempo que tengas en [una inversión de] alto rendimiento en las vidas de las personas a quienes les presentas a Cristo».
Esto puede verse de maneras muy distintas para cada uno de nosotros, porque Dios nos ha dado diferentes dones, talentos y habilidades. Para algunos, puede significar orientar y animar a los jóvenes; para otros, puede consistir en abrir nuestros hogares y servir con alegría; para otros, visitar a personas que se sienten solas o simplemente estar presentes y responder cuando alguien nos necesite.
Lo más importante es que usemos fielmente los talentos que Dios nos ha confiado para amar a los demás y guiarlos hacia Cristo.
Cuando el Señor te abra puertas para interactuar con otras personas, aprovecha cada oportunidad para ser testigo de Jesucristo. Al compartir el mensaje del Evangelio, no olvides compartir lo que Jesús ha hecho en tu vida. Dios puede usar incluso las actividades que realizas como parte de tu rutina diaria para mostrar su amor a los demás.
Jesús dijo: «Cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos… hasta en los confines de la tierra» (Hechos 1:8). Ora para que el Espíritu Santo te llene de poder para dar testimonio de lo que tu Salvador ha hecho por ti.
Refleja a Jesús de palabra y de obra
Al predicar el Evangelio «a tiempo y fuera de tiempo» (2 Timoteo 4:2), debemos asegurarnos no solo de proclamar el mensaje de Jesús con nuestras palabras, sino también de demostrarlo a través de nuestras acciones.
Pablo enfatiza esto en 1 Tesalonicenses 1:5: «Nuestro evangelio les llegó no solo con palabras, sino también con poder, es decir, con el Espíritu Santo y con profunda convicción».
Tómate un momento para hacer una pausa y preguntarte:
¿Qué ven las personas en mí? ¿Mis actitudes y mis acciones reflejan el carácter de Cristo?
Si les hablamos a las personas acerca de Jesús, pero nuestras vidas están marcadas por la falta de compasión, la impaciencia, la amargura o la arrogancia, nuestras acciones pueden socavar el mismo mensaje que estamos proclamando.
Pídele al Señor que te revele las áreas en las que tu vida tal vez no esté reflejando el carácter de Cristo y ora para que Él traiga un cambio genuino en tus actitudes y tu conducta.
En última instancia, ser un reflejo de Cristo no es algo que podamos lograr por nuestra cuenta. Es el fruto que el Espíritu Santo produce en nosotros a medida que dedicamos tiempo a la oración y nos sumergimos en la Palabra de Dios.
El mejor legado que puedes dejar en esta tierra es el de la obediencia fiel a Dios. A medida que lo sigues, Él puede usar tu vida para transformar a otros a través de su propio amor y poder.
También en esta serie:
Parte 1: ¿Le importa a Dios lo que hago con mi tiempo libre?