
He destrozado mi vida por mis propias malas decisiones. No hay manera de empezar de nuevo, ¿verdad?
La gente solía enviar una gran cantidad de preguntas a Billy Graham. Durante décadas, Él respondió a un sinnúmero de ellas en una columna periodística sindicada llamada «Mis Respuestas». Esta es una de ellas.
Un destacado hombre de negocios dijo una vez: «Mi vida es un completo desastre. He gastado demasiado dinero en psiquiatras que no pueden curarme. Estoy demasiado perdido para salvarme. La única esperanza para mí es que Dios me haga de nuevo».
Las palabras del gran profeta Jeremías salen a la luz: «Entonces bajé a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno. Pero la vasija que estaba modelando se deshizo en sus manos; así que volvió a hacer otra vasija, hasta que le pareció que le había quedado bien… La palabra del Señor vino a mí y me dijo… “Ustedes… son en mis manos como el barro en las manos del alfarero”» (Jeremías 18:3-6, NVI).
Esta es una vívida imagen de la vida. Jeremías describe a Dios como el alfarero divino y al hombre como la arcilla que el Maestro Artista convierte en un recipiente útil. Pero en el proceso, la vasija se estropea: aparece un defecto en la obra. Sin embargo, en vez de desecharla, con ternura, el hábil Artesano de la vida la remodela a su gusto.
¡Qué fiel retrato de las personas! Nosotros, como aquella vasija, estamos hechos de tierra. La Biblia dice: «Y Dios el Señor formó al ser humano del polvo del suelo; entonces sopló en su nariz aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser viviente» (Génesis 2:7, NVI).
El hombre, en su orgullo y sabiduría autoproclamada, afirma que se ha creado a sí mismo, ideando todo tipo de teorías para convencerse de que llegó a existir independientemente del Dios Todopoderoso. Pero a pesar de todas sus afirmaciones, no hay pruebas. Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza, y todos somos obra del Creador. Cuando nos ponemos en las manos de Dios, Él es capaz de convertirnos en nuevas creaciones.
Esta columna está basada en las palabras y escritos del difunto reverendo Billy Graham.