¿Por qué me cuesta tanto ser paciente?

He oído la frase «la paciencia es una virtud». Es una virtud que no estoy seguro de poder alcanzar. Soy una persona a la que le gusta estar haciendo cosas y no tengo mucha paciencia para esperar a que las cosas sucedan. ¡Yo pienso que debemos hacer que las cosas sucedan! ¿Qué piensa usted al respecto?


La gente solía enviar una gran cantidad de preguntas a Billy Graham. Durante décadas, Él respondió a un sinnúmero de ellas en una columna periodística sindicada llamada «Mis Respuestas». Esta es una de ellas.

La paciencia se refiere a la firmeza y control de carácter que una persona persona es capaz de mostrar cuando está irritada o experimenta un conflicto. Ser capaz de soportar malos tratos sin responder con ira o represalias no es una reacción natural del ser humano: es un fruto del Espíritu, al que las Escrituras se refieren como autocontrol (lee Gálatas 5:22-23).

Nuestra vida debe caracterizarse por la paciencia, ya que sin ella no conseguiremos tener un carácter estable e íntegro. Dios permite que las dificultades, los inconvenientes, las pruebas e incluso el sufrimiento se crucen en nuestro camino con un propósito específico, y muchas veces ese propósito es ayudar a desarrollar la actitud correcta para el crecimiento de la paciencia en nuestras vidas.

La mayoría de la gente admitirá que la paciencia no es su mayor fortaleza. Pero es importante que en cada situación nos pongamos en los zapatos de los demás, y tengamos en cuenta las necesidades y los pensamientos de ellos; sobre todo cuando en la circunstancia que estamos enfrentando hay cosas que están fuera de nuestro control.

La paciencia no es simplemente aguantar contra nuestra voluntad con los dientes apretados y los puños cerrados. Es más bien una actitud de expectación, creyendo que Dios obrará en esa situación.

«Sé paciente», nos dice la Biblia. «Miren cómo espera el agricultor a que la tierra dé su precioso fruto y con qué paciencia aguarda las temporadas de lluvia. Así también ustedes, manténganse firmes y aguarden con paciencia la venida del Señor, que ya se acerca» (Santiago 5:7-8). El labrador observa pacientemente frente a la tierra que parece estéril, porque sabe que habrá resultados; tiene paciencia en sus labores porque sabe que Dios es fiel, y a su tiempo recibirá el producto de su trabajo.

Mientras nos esforzamos por vivir una vida que agrade al Señor, debemos mostrar paciencia sabiendo que nuestra obediencia a Él resultará en buenos frutos que Él aceptará en la eternidad. Cuando le pedimos a Dios paciencia, y luego la usamos en cada aspecto de la vida, será un testimonio maravilloso por medio del cual otros verán lo que Dios está haciendo en nuestras vidas.

Esta columna está basada en las palabras y escritos del difunto reverendo Billy Graham.

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