Dios peleará por ti

Esta es la cuarta parte de la serie Refrigerio para el alma cansada.

«El Señor mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos».  — Éxodo 14:14 NTV

Esas palabras salieron de los labios de Moisés justo antes de separar el Mar Rojo. Llevaba días conduciendo a los israelitas tras su salida del cautiverio en Egipto, rumbo a la tierra prometida.

Pero el Faraón, tras haber aceptado dejar ir a los israelitas esclavizados, cambió súbitamente de opinión, reunió a su ejército y envió cientos de carros a perseguir a las masas que iban en camino.

La Biblia dice que cuando los israelitas vieron esto, «sintieron mucho miedo» (Éxodo 14:10, NVI).

Y entonces, escucharon esas palabras de la boca de Moisés: «El Señor mismo peleará por ustedes».

Lo que ocurrió a continuación es una de las historias bíblicas más conocidas de todos los tiempos. El Mar Rojo se dividió en dos impresionantes paredes líquidas a cada lado de la gente asustada mientras pasaban por tierra seca. Cuando todos los israelitas estuvieron a salvo del otro lado, las aguas volvieron a caer sobre el ejército del Faraón, sin dejar supervivientes.

Por supuesto, Moisés no dividió el mar con sus propias fuerzas. Fue Dios quien le dio el poder para hacerlo.

¿Qué batalla estás librando hoy?

La palabra «batalla» puede traer a la mente situaciones estresantes, peligrosas, desordenadas o aterradoras. Podría ser tu salud, tu familia, tus finanzas o quizás una batalla espiritual que no puedes ver.

Sin embargo, Dios promete que si tú crees en el Señor Jesús, por su sangre tienes paz con Dios, y Él está en esas batallas contigo.

«A veces no logramos conectar las promesas de Dios con nuestra realidad», dijo Will Graham. «Y cuando estamos en tiempos inestables, esa inestabilidad en nuestras vidas hace que perdamos el punto de referencia y no logremos comprender lo que está pasando. Pero Dios está de nuestro lado. Él libra nuestras batallas por nosotros. Todos los ángeles, todas las huestes del cielo están de nuestro lado».

Cuando haces que Jesucristo forme parte de tu vida, no te enfrentas a las pruebas tú solo, sino que el Dios Todopoderoso va delante de ti, abriendo un camino donde quizá no lo veas.

En su canción Red Sea Road [Camino en el mar rojo], Ellie Holcomb reflexiona sobre esta historia milagrosa de Moisés y su aplicación el día de hoy:

Cuando no podamos ver el camino

Él separará las olas

Y nunca caminaremos solos

Por el camino del Mar Rojo

Dios es todopoderoso y ha salvado a su pueblo de batallas una y otra vez.

¿Qué significa que Dios lucha por ti?

No importa las dificultades que enfrentes, o lo impredecibles que sean, siempre puedes contar con Dios y confiar en Él. La próxima vez que te sientas desesperado o abrumado, recuerda su promesa de que Él cuidará de ti a través de la batalla.

En su carta a los filipenses, el apóstol Pablo escribió: «Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19).

«Estos confían en sus carros de guerra, aquellos confían en sus corceles, pero nosotros confiamos en el nombre del Señor nuestro Dios».

Salmo 20:7

Piensa en la historia de los israelitas atrapados entre un ejército que los perseguía y una vasta masa de agua por delante.

¿Por qué permitió Dios que eso sucediera? Este es su pueblo. Fue Él quien llamó a Moisés para que los sacara de Egipto y los guiara hacia la tierra prometida, ¿por qué Dios está permitiendo que ahora sean perseguidos?

Dios quería que los israelitas y el faraón supieran y experimentaran en carne propia que Él es el Señor, el Libertador (Éxodo 6:6) y el Salvador (Éxodo 14:13). Era imposible que los israelitas salieran de esta situación por sí mismos, pero con la ayuda de Dios nada es imposible.

¿Por qué enfrentamos batallas?

En la Biblia, el piadoso rey Josafat reinó en Judá. Cuando un gran ejército vino contra su pueblo, Josafat oró a Dios, buscando orientación.

«Nosotros no podemos oponernos a esa gran multitud que viene a atacarnos. ¡No sabemos qué hacer! ¡En ti hemos puesto nuestra esperanza!», oró (2 Crónicas 20:12).

Mientras los hombres, mujeres y niños de Judá se reunían ante el Señor, Dios les habló a través de un hombre llamado Jahaziel (2 Crónicas 20:15-17):

«… Así dice el Señor: “No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes, sino mía. Mañana, cuando ellos suban por la cuesta de Sis, ustedes saldrán contra ellos y los encontrarán junto al arroyo, frente al desierto de Jeruel. Pero ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos, para que vean la salvación que el Señor les dará. ¡Habitantes de Judá y de Jerusalén, no tengan miedo ni se acobarden! Salgan mañana contra ellos, porque yo, el Señor, estaré con ustedes”».

La batalla no era de Judá desde un inicio: era de Dios.

Las batallas nos recuerdan el poder de Dios. Pueden hacer que te pongas de rodillas, buscando su dirección y admitiendo tu impotencia.

Una mujer llamada Jamie Owens-Collins escribió una vez una canción llamada The Battle Belongs to the Lord [La batalla le pertenece al Señor], la cual dice:

Cuando el poder de las tinieblas llega como una inundación

La batalla pertenece al Señor

Él ha levantado un estandarte, el poder de su sangre

La batalla pertenece al Señor.

La Biblia dice que los que quieren vivir una vida piadosa serán perseguidos (2 Timoteo 3:12). Pero también dice que el sufrimiento «produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza» (Romanos 5:3-4).

Aunque no todas las batallas siempre terminen de la manera que te gusta o anticipas, puedes estar seguro, como seguidor de Cristo, de que estás en ella con «el Dios de los ejércitos de ángeles.

Confía en que Él conoce este campo de batalla mejor que tú. Mira hacia el pasado y encuentra consuelo en todas las victorias que el Señor ya ha comandado y ganado. Dios siempre está en control y su victoria final está garantizada. 

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  1. Dios te ama.
  2. Dios proveerá.
  3. Dios nunca te dejará.
  4. Dios peleará por ti.
  5. Dios te dará paz.

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