De rapero rebelde a humilde pastor

El verano pasado, el pastor Fermín IV impartió un seminario en español sobre el liderazgo bíblico basado en la Epístola a los Filipenses en el Billy Graham Training Center at The Cove, en las coloridas montañas de Asheville en Carolina del Norte. Durante el evento, compartió cómo Dios transformó su vida antes de llamarlo al ministerio.

Fermín IV es un pastor mexicano cuya colaboración con la Billy Graham Evangelistic Association (BGEA) inició hace dos décadas. Desde su primera aparición en la campaña evangelística en video de 2006 Mi Esperanza hasta su reciente participación en el seminario en español celebrado en The Cove, Fermín ha trabajado en estrecha colaboración con el ministerio para proclamar el Evangelio y fortalecer a los pastores en su vocación.

Sin embargo, Fermín IV no siempre fue conocido por su testimonio cristiano. Incluso hoy en día, muchos aficionados a la música secular en español siguen reconociendo su nombre, y responden con la pregunta habitual: «¿El rapero?».

Mucho antes de convertirse en pastor, Fermín IV fue un pionero del rap y el hip hop latinoamericanos. Como vocalista principal del influyente grupo Control Machete, revolucionó el género con letras repletas de malas palabras y temas que glorificaban la violencia, la cultura de las bandas y las adicciones. Su música resonaba en la radio, y su creciente fama le valió frecuentes apariciones en MTV e incluso una nominación a los Grammy Latinos.

Para muchos, su repentina y drástica transformación en un fiel siervo de Dios en 1999 sigue siendo un misterio. Pero él sabe de primera mano cómo solo Jesús puede transformar una vida de una manera tan radical.

Salvado del éxito del mundo

A finales de la década de 1990, Fermín se encontraba en la cima de su carrera musical. Su vida comenzó a girar en torno a la fama y el dinero, y a oscilar entre las drogas y el alcohol. Creía que por fin había conseguido todo lo que había soñado, y no sentía ningún remordimiento.

Fue durante esa época cuando conoció a una joven cristiana llamada Tere, que empezó a hablarle de la fe. Ella también lo invitó a la iglesia.

«Entonces, ese es un momento muy peculiar en mi vida», compartió Fermín. «Yo estoy literal viajando por el mundo, por toda Latinoamérica y Europa con mi grupo, habiendo alcanzado lo que yo creía era un un éxito…

»En realidad, no estaba buscando a Dios. No quería una transformación. Yo tenía todo lo que quería, todo lo que siempre había soñado: música, éxito. Y estaba viviendo mi vida exactamente como quería… Y [Tere] me lleva a la iglesia».

Cuando su agenda se lo permitía, Fermín asistía a los servicios religiosos. Pero, en su interior, nada había cambiado. «Llevaba una doble vida», admitió.

«Entonces Tere me llena la maleta de casetes con sermones. Me llevo mi biblia de gira y comienzo a pues intentar vivir cristianamente sin lograrlo: seguía mintiendo seguía tomando, seguía fumando, seguía viviendo una vida mal».

Entonces, en 1999, todo cambió. Un día, sentado en la iglesia, Fermín sintió que Dios se le presentó de una forma que no podía ignorar. En ese momento, se dio cuenta de que no podía seguir fingiendo. «Ahí es cuando reconozco mi condición de adicto», dijo.

Aunque anhelaba seguir a Jesús, Fermín se sentía preso de su pecado, convencido de que las cadenas que lo ataban nunca se romperían. Compartió su sentimiento con Tere, quien le recordó que Jesús tenía el poder no solo de salvar su alma, sino también de romper esas cadenas. 

En ese momento oraron juntos, pidiéndole a Dios que lo liberara.

El Señor respondió a sus oraciones con un milagro: liberó a Fermín de su adicción a las drogas y al alcohol.

«Leo los evangelios y veo a Jesús realizando señales», explicó Fermín. «Bueno, esa libertad que Él me dio… esa fue la señal que me mostró quién es Jesús realmente.

»Fue entonces cuando dije: “Ahora tengo que conocer a Jesús. Ahora tengo que descubrir qué más puede hacer”».

Poco después de esa experiencia, Fermín sintió un hambre insaciable por la Palabra de Dios. Se sumergió en las Escrituras, se dedicó de lleno a los estudios bíblicos y se rodeó de mentores que lo formaron fielmente como discípulo. Durante ese tiempo, él y Tere se casaron.

Fermín también se puso en contacto con su compañía discográfica. Les explicó que había experimentado una transformación radical en su vida y que ya no podía producir el mismo tipo de música. Si volvía a grabar, sería música que honrara a Dios.

A partir de ese momento, Fermín lanzó varios álbumes alabando a Aquel que lo salvó. Este año celebra 20 años como pastor principal de Semilla de Mostaza, una iglesia con varios campus alrededor de la Ciudad de México reconocida por su sólida enseñanza bíblica y su predicación expositiva.

Como padre de tres chicas jóvenes, Fermín siente una responsabilidad especial por la próxima generación. Anhela ver a los jóvenes alejarse de la búsqueda vacía del éxito, el placer y las riquezas, y descubrir la verdad, el propósito y la esperanza que solo se pueden encontrar en Jesús.

«Intento conectar a los jóvenes con la historia de la Biblia para que vean que todo lo que han vivido está ahí… No se trata solo de ir a la iglesia y portarnos bien; se trata de nacer de nuevo, de ser regenerados por el Espíritu Santo. Eso es a lo que Dios nos ha llamado».

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«El mundo nos enseña a escalar hasta la cima, a pisotear a los demás para salir adelante», dijo Fermín durante la conferencia en The Cove. Jesús, sin embargo, nos puso en primer lugar cuando murió por nuestros pecados. «Jesús, sabiendo de dónde venía y adónde iba, se hizo obediente hasta el punto de la muerte».